La patronal bancaria AEB pretende aprovechar el fin de la ultractividad del Convenio como medida de presión para que no haya subidas salariales

Una de las muchas “perlas” que incorporó la reforma laboral del 2012 fue la ultractividad de los convenios. Una ultractividad consistente en limitar la vigencia del convenio vencido, salvo acuerdo entre las partes, mientras se negocia otro nuevo a un máximo de un año, eliminando la prórroga permanente que existía hasta entonces. Una limitación impuesta para beneficio de las empresas, ya que, en caso de no llegarse a un acuerdo en el plazo establecido, el convenio colectivo decaería, pasando la plantilla afectada a ser regida por el Estatuto de los trabajadores, siendo éste una norma de mínimos.

Afortunadamente esa máxima fue matizada por una sentencia del Tribunal Supremo que indicó que, llegado el fin de la ultractividad de un convenio, su contenido lejos de perderse pasaría a incorporarse a modo de anexo al contrato de trabajo de las plantillas existentes a esa fecha, aplicándose el Estatuto de los trabajadores únicamente a las nuevas incorporaciones.

Dicho esto, y ciñéndonos a la literalidad del precepto, las personas que trabajamos en el sector bancario deberíamos encontrarnos a fecha de hoy, tras veintidós meses del vencimiento del XXIII Convenio Colectivo de Banca, sin convenio colectivo sectorial. Si embargo, dado que el año de ultractividad fue consumido íntegramente para la negociación del nefasto sistema de registro de jornada, que permite a las empresas continuar con las fraudulentas prolongaciones de estas, la patronal bancaria tras insistencia de la parte sindical aceptó en primera instancia prorrogar la ultractividad hasta el 30 de junio, y después debido al parón de las negociaciones fruto del confinamiento motivado por la pandemia del COVID19, hasta el 31 de octubre. Tanto la patronal AEB, como los sindicatos CCOO, UGT y FINE rechazaron en ambas ocasiones la propuesta de CGT de extenderla hasta el 31 de diciembre de 2020. Decían que exagerábamos.

Y ahora nos encontramos por tanto a dos semanas del nuevo vencimiento de la ultractividad del convenio colectivo que pactaron, con unas posturas muy distantes y difícilmente conciliables, donde nuevamente desde la parte sindical estamos demandando una nueva prórroga, al menos, hasta el 31 de diciembre, tal como desde CGT requeríamos inicialmente. Una prórroga que pueda facilitar en lo posible un acercamiento entre las partes.

Sin embargo, la patronal bancaria nos sorprendió en la última reunión, celebrada el pasado 7 de octubre, supeditando esa nueva prórroga a la firma de un preacuerdo de convenio, sobre la premisa fundamental de que suponga coste cero para las cuentas de resultados de los bancos asociados.

Como indicábamos en nuestro anterior comunicado, el convenio de ahorro recientemente firmado no es una buena referencia, no sólo por la pérdida de poder adquisitivo y de derechos que lleva implícito, sino porque muestra la debilidad extrema de los firmantes: CCOO, UGT y FINE. Debilidad que ahora, una vez conocida y constatada, la patronal bancaria también quiere explotarla en su beneficio, forzando un preacuerdo de convenio abusivo, utilizando, al igual que hizo la patronal de ahorro, el fin de la ultractividad como elemento de presión.

Desde CGT creemos que, es mejor no sucumbir al chantaje patronal y dejar que venza la ultractividad, quedándonos, dado el caso, sin convenio colectivo, pasando con ello sus clausulados a formar parte de la mochila de cada persona trabajadora y, por tanto, ya no modificables NUNCA a la baja de manera colectiva, que firmar un convenio retrógrado que precarice más las condiciones laborables de toda la plantilla del sector bancario.

No es de recibo que a las plantillas de banca se nos exija un nuevo esfuerzo, consistente fundamentalmente en renunciar a subidas salariales para el cuatrienio 2019-2023, mientras que los bancos, saltándose las recomendaciones del Banco Central Europeo de suspender el pago de dividendos para reforzar la ratio de capital “CET1 fully loaded”, estén tratando por todos los medios de reactivarlo para satisfacer preferentemente el ansia de dinero de sus accionistas, fundamentalmente los mayoritarios.

Desde CGT no vamos a aceptar que la sumisión y la debilidad de esos sindicatos, condicionados por el “trato ventajoso” que reciben de la patronal, los aproveche ésta para perjudicar nuestros derechos, y vamos a hacer todo cuanto esté en nuestra mano para que, desde dentro la mesa de negociación, primen los intereses de las plantillas por encima de cualquier otro interés. La próxima reunión será el 14 de octubre.

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