Como todos los años llega diciembre y observamos como el nerviosismo de ciertos mandos directivos de la entidad se hace insoportable, provocando un ambiente tenso y sofocante en las oficinas y algún que otro centro de trabajo. Mientras, la plantilla, cansada de este año tan convulso sufriendo despidos, externalizaciones o planes de salida frustrados, siguen esperando el tan ansiado cambio de “Cultura Santander” que se promete, pero que se hace esperar demasiado.

Y much@s empezamos a sufrir el “Síndrome de Burnout”, más conocido como “síndrome del trabajador quemado” que hace referencia a la cronificación del estrés laboral. Éste se manifiesta a través de un estado de agotamiento físico y mental que se prolonga en el tiempo y llega a alterar la personalidad y autoestima del trabajador/a.

La persona afectada por este síndrome, ante todo, debe tomar conciencia de su situación y reconocer que quizás no se encuentre en las condiciones de llevar a cabo sus tareas de la forma más adecuada.

La OMS, Organización Mundial de la Salud, acaba de introducir este trastorno mental dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE 11) como problema asociado al empleo, relacionado con la dificultad del control de la vida y da algunas recomendaciones:

  • No excederse del ritmo de trabajo y respetar pausas para descanso y comida.
  • Establecer límites ante situaciones con exceso de tareas.
  • Cultivar buen ambiente de equipo.
  • Cuidar de uno/a mismo/a y aprender a interpretar las señales del cuerpo y de las emociones.
  • Separar el ámbito laboral del personal.
  • Buscar apoyo familiar y social fomentando encuentros y actividades.
  • Buscar ayuda profesional si se percibe que no superamos esta situación.

Pero, ¿Cómo llevar estas medidas a cabo cuando según te sientas en tu puesto de trabajo ya estas estresado/a, cuando no paras de recibir órdenes y presiones, cuando para “los de arriba” todo es importante sin poder tener capacidad de priorizar unas tareas de otras, cuando no hay personal suficiente y te sobrecargas de funciones que no son tuyas, cuando recibes reprimendas constantes porque alguien quiere llegar a un objetivo imposible, cuando los sistemas y procesos no hacen más que fallar y bloquearse, cuando no haces más que prolongar tu jornada y ya no sabes ni cómo le va a tu hijo/a en el cole y cuando para desconectar las seis horas que duermes tienes que utilizar somníferos?

Empecemos a ponernos límites porque lo que está en juego es nuestra salud y hagamos que para el Banco también lo sea. Sin la plantilla la maquinaria se paraliza y no se puede consentir que las enfermedades psicológicas estén aumentando en nuestra entidad a un ritmo tan alarmante.

CGT seguirá denunciando esta situación ante el Comité Estatal de Salud, exigiendo la realización de una encuesta de Riesgos Psicosociales acorde a la ley.

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