Algunos sindicatos anuncian su intervención en la próxima Junta de Accionistas, previa a las elecciones sindicales, para supuestamente poner en conocimiento del accionariado la situación que vive la plantilla. Situación, que en gran medida viene motivada por sus malas decisiones a la hora de firmar acuerdos lesivos, ya no sólo para las que se van, sino también para las que se quedan.

Curiosamente en pleno periodo preelectoral, recordemos que en menos de un año se celebrarán nuevas elecciones sindicales, algunos sindicatos, justo aquellos que han permanecido durante tres años escondidos, ajenos e intencionadamente ignorantes de las consecuencias que sus actos tienen sobre la vida diaria de la plantilla, reaparecen para tratar de engañarla nuevamente, aparentando defender sus derechos.

El 1 de abril se celebra la Junta General de Accionistas -JGA- de Banco Santander. Una JGA que habitualmente se celebra en Santander, por ser esta la plaza donde se ubica la sede social de la Entidad y que este año circunstancialmente tendrá lugar en la Ciudad Financiera de Boadilla del Monte. Un foro al que habitualmente esos sindicatos han sido invitados por la alta dirección del Banco, cosa que nunca ha sucedido con la CGT. Una invitación que incluye el pago de los gastos de viaje, de alojamiento y de manutención para asistir como oyentes, supuestamente en representación de la plantilla. Alguno de estos sindicatos ha anunciado a bombo y platillo su participación en la JGA para, según ellos, poner en conocimiento del accionariado la situación en la que se encuentra la plantilla.

Cualquier foro es válido para poner en conocimiento de la alta dirección cuál es la situación laboral en la que se encuentran las personas trabajadoras. Es más, desde CGT hemos intervenido varios años ante la JGA -valgan algunos ejemplos videográficos– precisamente para transmitir a la Presidencia el descontento generalizado de la plantilla. Un descontento histórico que, lejos de ser una invención nuestra, afortunadamente viene quedando patente en los resultados anuales de la Encuesta de Compromiso.

Ahora bien, lo que desde CGT queremos desmontar es el uso que se le quiere dar a la publicitada intervención.  Intervención, que lejos de buscar soluciones a los problemas que ellos han contribuido a crear, está claramente planificada como estrategia electoral. No podemos consentir el sindicalismo fariseo que practican algunos sindicatos. Un sindicalismo consistente en, a cambio de prebendas, firmar acuerdos laborales que han quedado sobradamente demostrados como tremendamente lesivos para los intereses de la plantilla. Acuerdos laborales que no solo han perjudicado a las personas que ya no están, sino que también han redundado en el empeoramiento de las condiciones laborales de las que todavía a fecha de hoy siguen prestando sus servicios.

Acuerdos laborales que han permitido, entre otras cosas, la total desregulación horaria del sector financiero, con la creación de horarios que imposibilitan la conciliación de la vida laboral y familiar de las personas afectadas, la movilidad geográfica más allá de los límites establecidos en el propio convenio colectivo, la doble escala salarial que supone retribuciones y condiciones sociales distintas en función de la fecha de ingreso, un registro de jornada ineficaz que no cumple con su cometido, convenios colectivos que nos hacen perder poder adquisitivo, el despido y la externalización de miles de personas.

Firmar EREs no es solo aceptar despidos masivos y pactar condiciones de salida, sino también y más grave si cabe, es aceptar las causas aducidas por la Empresa para llevarlos a cabo. Es decir, significa reconocer explícitamente que sobran oficinas y por tanto, sobra gente. Que se es poco rentable y por tanto, se gana poco. Que hay menos trabajo operativo y por tanto, sobran personas que desempeñan esas funciones.

Todas estas cosas en su conjunto son las que están generando un deterioro insufrible y manifiesto de condiciones laborales de la plantilla, que redunda en más trabajo, más presión comercial, peor atención a la clientela, etc. Por ello, no vamos a caer en el error de aceptar su invitación para participar con ellos en la citada JGA.

Desde CGT acordamos con el CEO y la Directora de Recursos Humanos mantener reuniones periódicas para resolver juntos los problemas de la plantilla. Les daremos ese voto de confianza y no haremos electoralismo barato.

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