Estamos en la fase en la que la plantilla está sufriendo la realidad que supone el proceso de despido colectivo, en el que, por cuarta vez en seis años, estamos inmersos. La fase en la que Recursos Humamos sale sin rubor escopeta en mano, con el silencio cómplice del sindicalismo cortesano, a la caza de sus “voluntarios y voluntarias”.

El sindicalismo cortesano, aquel que dejó hace mucho tiempo de luchar por los derechos de la clase trabajadora y que lamentablemente campa a sus anchas en Banco Santander, se ha afanado interesadamente en los últimos años en pintar un procedimiento de despido colectivo como una suerte de oportunidad para la plantilla. Para ello, con la colaboración de ciertos medios de comunicación, han transmitido a la plantilla y a la sociedad mensajes trufados, a sabiendas, de medias verdades. Mensajes con los que han tratado de hacernos creer, consiguiéndolo en muchos casos, que las prejubilaciones y la voluntariedad en las salidas eran el objetivo del proceso.

Lamentablemente, y tal como desde CGT hemos venido denunciando desde el primer día, y no por ser más listos, sino por haberlo ya vivido, al igual que ellos, en procesos de despido anteriores, cosa que poco les ha importado, en estos precisos momentos nos encontramos en esa fase crítica y dañina en la que los hechos desmontan todas sus mentiras.

Estamos en esa fase, justo ahora y no antes, en el que ya no somos necesarios y necesarias para la cobertura de las vacaciones, en la que las personas gestoras de Recursos Humanos están llamando a discreción a sus “voluntarios y voluntarias” para enseñarles la puerta de la calle y la dirección de la oficina del paro más cercana, usando para torcer su verdadera voluntad de permanencia, el pretexto de que ahora pueden sumar a su indemnización por despido, las primas de voluntariedad. Unas primas, que lejos de incentivar realmente la salida voluntaria, fueron diseñadas por el Banco de manera torticera, precisamente para esto, para ser usadas como herramienta de presión para forzar una supuesta adscripción voluntaria de quienes son prescindibles para el Banco y no se quieren ir.

El Banco por obvias razones económicas y los sindicatos cortesanos, a saber por cuáles, conocedores de que los despedidos ya no votan y que hasta dentro de cuatro años no hay nuevas elecciones sindicales, han preferido que al menos 1.200 de las 3.223 personas a despedir, lo sean de la manera más traumática posible: la forzosa.

Personas menores de 50 años, justo aquellas que tienen las condiciones de salida peores. Personas, la inmensa mayoría, con importantes cargas económicas y familiares, incluso muchas de ellas con reducción de jornada por cuidado de dependientes. Personas que nunca imaginaron que su Empresa, tras largos años de dedicación y sus propios sindicatos, les fueran a tratar finalmente de una manera tan denigrante. Personas que ahora acuden a la CGT para darnos la razón, lamentando su ceguera al descubrir que no era oro todo lo que relucía.

Mentiríamos, y no queremos hacerlo como de manera vergonzante hacen otros, si dijésemos que no existen personas voluntarias que quieren dejar el Banco. Todos y todas conocemos cientos de ellas, hecho este que debería hacer al Banco reflexionar sobre los resultados que nos venden de las encuestas de compromiso. Si bien, no es menos cierto que estas están encuadradas en las franjas de mayor edad. De ahí nuestra insistencia en que este proceso se hubiera llevado al margen de un procedimiento de despido colectivo: traumático para las plantillas y gravoso para la sociedad y se hubiera gestionado como un clásico plan de prejubilaciones.

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